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Ingeniería, Vino y Kaizen con Gonzalo Villar
Jordi Beltrán

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¡Hola! Cuéntanos quien eres y qué estás haciendo en tu vida profesional ahora

¡Hola Jordi, y hola a todos los lectores de Fundadores!

Me llamo Gonzalo Villar y soy ingeniero industrial. Que dicho así, la verdad, suena bastante aburrido… pero nada de eso, porque además de ingeniero, soy melómano empedernido, toco el piano y he grabado dos discos. 

Aunque, la verdad, he vendido también dos discos. 

Soy friki hasta la médula y lector voraz. Alterno novela de todo tipo (aunque muero de amor con la ciencia ficción) con libros de divulgación científica y de gestión. Algunos me han visto con camisetas del Mandaloriano… pero son solo rumores.

Aunque he trabajado en varias empresas, desde hace 7 años soy socio y cofundador, junto con Alfonso Álvarez, de QE2 eConsulting, una empresa dedicada a la mejora continua, digitalización y eficiencia energética. Como nadie entiende qué hacemos, te diré que soy como un Alberto Chicote en Pesadilla en la Cocina pero para industrias. Además, hemos creado SOFTWINE, una marca específica para mejora de procesos en bodegas (somos riojanos así que lo llevamos en la sangre) y una escuela online llamada KAOS BUSTERS para enseñar metodologías Kaizen y Kanban con un estilo divertido y gamberro, utilizando el humor como herramienta pedagógica. 

Y encima tengo dos hijos.


¿A qué retos te enfrentaste cuando saliste al mundo laboral?

Pues como he comentado antes, soy Ingeniero Industrial. Además tengo dos Máster, uno en Prevención de Riesgos Laborales y otro en Eficiencia Energética y Sostenibilidad. Me encanta aprender y estudiar, así que sigo formándome todo lo que puedo, aunque no es que me sobre mucho tiempo, la verdad.

Si hay una anécdota que me ha dejado marcado en mi paso por la Universidad (aparte de las fiestas de San Pepe) fue una vez que me quité el jersey al empezar una clase, con tan mala suerte que me agarré la camisa y… bueno, digamos que hice como en el antiguo anuncio de Coca Cola pero sin estar bueno. El profesor paró varias veces para reírse durante la clase. Podría haber sido la ruina de mi vida social pero, sorprendentemente, fue al revés. 

A parte de poner cine en la calle, hacer encuestas y currar de “gorrilla” para Bustamante y Bunbury en algún concierto para pagarme mis cosas, mi primer trabajo serio fue en una empresa de prefabricados de hormigón como calculista. Era un buen curro, pero muy poco creativo. Lo que más recuerdo de ese trabajo es mi primer día. Primero, porque aún se fumaba y aquella oficina parecía Londres. Y segundo, porque me pusieron el Código Técnico de la Edificación en la mano y me dijeron: “calcula una viga en palastro”.

Ya, yo tampoco sabía qué significaba “palastro”.

Mi mayor reto fue aceptar que no me gustaba el trabajo. Aunque la vida me ha llevado por el camino menos lógico (sí, soy autónomo) no me gusta el riesgo . Así que prioricé la seguridad sobre la vocación. Y pese a que aprendí mucho, ese trabajo no era para mí, así que lo más importante que saqué de todo aquello es que hay que buscar el camino correcto. Cuesta mucho y es difícil, pero hay que intentarlo. Por poco que consigas, ya será algo.

Hace unos meses escribí una serie de artículos contando, mucho más en detalle, mi experiencia laboral y todo lo aprendido. Nada menos que 5 artículos, con muchas anécdotas, humor y algo de terror. Si alguien quiere cotillear sobre mis intimidades profesionales como si de un Sálvame Coliflor se tratase, aquí están: 

https://kaosbusters.com/las-personas-y-yo-una-historia-real-parte-i/


¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado y cómo lo superaste?

¿Miedos? Todos. El miedo forma parte del ser humano. Siempre he creído que valiente no es quien no tiene miedo, que es un irresponsable, sino el que sabe controlarlo. Personalmente, el mayor reto al que me he enfrentado (y al que me sigo enfrentando) es el de saber poner límites. 

En el mundo de los negocios hay mucha soberbia y grandes egos. Para las empresas pequeñas, a veces es difícil saber decir “NO” con claridad. La necesidad de facturar y cerrar proyectos te hace transigir. Así que hay mucho de autoconocimiento y gestión emocional a la hora de enfrentarte al mundo laboral. Y en esto, da igual ser empresario que trabajador por cuenta ajena.

Para mí, la honestidad y el respeto por las personas es lo más importante y lo que debe mover a cualquier (buen) profesional.

Salvado esto, con constancia, trabajo y pasión se pueden alcanzar muchos objetivos. Pero ojo con lo de “si lo crees, lo lograrás”. Mentira. Si lo crees, te lo curras, sufres, te caes, te levantas, te vuelves a caer, te cabreas, te alegras y te vuelves a cabrear, lo lograrás.

Pero si hay algo que ha resultado difícil, y a la vez crítico, ha sido aprender a vender. Tanto desde el punto de vista meramente técnico, como psicológico. El subidón que te da cuando vendes un proyecto es una pasada, pero llegar a él cuesta una auténtica barbaridad.


¿Qué consejos te darías a ti mismo si volvieras a empezar de cero?

Me encanta esta pregunta. Me siento como Biff Tannen en Regreso al Futuro II llevando el almanaque deportivo a su yo joven (por cierto, tengo un almanaque deportivo como el de la peli, ya te he dicho que soy muy friki).

¿Qué le diría al pequeño Gonzalo? Pues que confíe más en sí mismo. Y que se preocupe menos por los demás y más por él mismo: si uno no está bien, es imposible ayudar a los demás. También le diría que no le dé tantas vueltas a las cosas, porque al final, todo acaba saliendo. Y solo perdemos el tiempo.

Y bueno, sobre todo le diría que se arriesgue más con las chicas. Que se olvide de sus complejos y las haga reír… eso sí que funciona.


¿Qué opinas sobre la poca importancia que se le da al desarrollo personal dentro de la educación tradicional? ¿Crees que las personas deberían prestar más atención a desarrollar estas habilidades? ¿Por qué?

Ahora mismo, con mi situación actual, ni me planteo meterme en otro Máster o carrera universitaria, aunque me encantaría. Sin embargo, todos los años hago dos o tres cursos. Eso me ha dado una idea de lo mal planteado que está el sistema educativo actual.

Sí, es cierto, hay que tener conocimientos, tener una cultura básica. Pero también hay que saber hablar en público, saber negociar y expresarse con claridad, conocer las emociones propias y saber gestionarlas, aprender a interpretar las de los demás, saber liderar… hay tantas cosas que no se enseñan en la escuela y la universidad que la mayoría de estudiantes llegamos al mundo laboral con la sensación (a veces bastante acertada) de no saber nada de nada.

La formación es una INVERSIÓN, así, en mayúsculas, tanto para una empresa como para cualquier persona. El conocimiento es poder. Y no hablo de dominar el mundo. Para eso ya está Lex Luthor.